Atrapado en una «Prisión en Vida»

Atrapado en una «Prisión en Vida»

Mi nombre es Luis y quiero compartir con ustedes una buena noticia que se hizo efectiva en mi propia vida. Desde los 13 años, atravesando toda mi adolescencia y gran parte de mi juventud, estuve preso de las adicciones a las drogas. Esta situación no solo implicaba el consumo, sino todas las consecuencias físicas, familiares y profesionales que conlleva; dejas tu vida de lado para dedicarse exclusivamente a conseguir esa sustancia que calme lo que llevas por dentro. Vivir así es, verdaderamente, una prisión en vida.

Yo formo parte de lo que en España se llamó la «generación perdida», un tiempo donde muchísimos jóvenes murieron a causa del sida, muertes violentas, sobredosis y diversas enfermedades.

El Diagnóstico del Mundo: «Sin Futuro»

Llegué a un punto crítico donde los profesionales a los que recurrí dejaron de ofrecer terapias. Tras años de evaluar mi situación, su conclusión fue que yo nunca saldría de ese círculo vicioso; me consideraban una persona sin futuro. Para intentar darme una «mejor calidad de vida» y evitar que delinquiera, me suministraban metadona mientras esperaban, simplemente, a que mi cuerpo dejara de funcionar y muriera.

Incluso yo mismo llegué a creerme que no había milagros. Con mis amigos solíamos decir que moriríamos de forma violenta, por sobredosis, por sida o por alguna enfermedad. Finalmente, mi cuerpo colapsó y terminé en el hospital, donde los médicos me dieron un pronóstico devastador: sólo tres meses de vida.

El Encuentro en el Centro Cristiano

Sin tener a dónde ir, terminé en un centro de rehabilitación cristiano, que fue el único lugar donde me dieron entrada. Fui a duras penas, sin ganas y deseando morir; de hecho, la idea del suicidio era recurrente en mi mente al sentir que no tenía ningún futuro.

Sin embargo, en ese centro empecé a ver a personas que habían sido como yo. Había todo tipo de «ex»: asesinos, delincuentes, drogadictos y prostitutas. Todos ellos me aseguraban que había una salida y que Jesucristo podía sacarme de ese pozo.

Una Decisión Radical

Aunque al principio era muy escéptico, la pasión, la manera de ser y el deseo genuino de ayudar de estas personas despertaron mi interés. Fue entonces cuando el Señor trajo a mi corazón la promesa de que Él podía cambiar mi vida.

Un día, decidí hablar con Él y le dije: «Señor, perdóname. No me voy a ir de aquí hasta que yo tenga lo que ellos tienen, hasta que tú entres en mi corazón y yo pueda tener esas ganas de vivir». En ese momento, enfrentaba un gran conflicto interno porque me costaba perdonarme a mí mismo por cosas del pasado que ya no tenían arreglo. Pero el Señor me convenció de Su amor y de Su perdón.

Mi oración final fue: «Señor, como quieras, cuando quieras y donde quieras, pero yo no me muevo de aquí hasta que tú vengas a mi vida y cambies mi corazón». Ese fue el mejor día de mi vida.

30 años de una Vida Nueva

De esto hace ya más de 30 años que mi vida cambió totalmente. Desde aquel día, nunca he vuelto a probar las drogas ni el tabaco. Hoy soy una persona diferente: pienso, actúo y vivo de una manera distinta. La mejor noticia que he experimentado, y que sigo experimentando cada día, es que Jesús me ama y quiso cambiarme.

Una Invitación para Ti

La palabra de Dios dice: «Si escuchas la voz de Dios hoy, no endurezcas tu corazón». Te invito a que le digas que sí, que le permitas entrar y le pidas perdón por lo malo. Permite que Él cambie tu corazón y tu manera de pensar para que cambie tu manera de vivir. Así podrás conocer la voluntad de Dios, que es buena, agradable y perfecta.

Espero que esta buena noticia se haga efectiva también en sus corazones.

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